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En la calma de la noche un ruido rompe el silencio. El calor y el agobio de la noche te despierta y junto con ese ruido te desvelas, descolocado y algo confuso, viendo la completa oscuridad. Y en medio de esa oscuridad, en medio del silencio de la noche una figura humanoide te observa, también en completo silencio, desde los pies de tu cama…

Esta escena es reconocible, con sus matices, por mucha gente que ha sufrido ese tipo de visitas nocturnas. Esta situación que tanto puede llegar a aterrar (y con razón) forma parte de nuestro folclore del misterio y también forma parte de uno de los repertorios de la desinformación en el mundo del misterio en general.

Pocas cosas hay más aterradoras que despertarse y encontrarse una figura a los pies de la cama que nos está observando, en silencio, sin saber desde que momento está allí y sin saber cuáles son sus intenciones: ¿Será un ladrón que se ha colado en casa? ¿Quizá un perturbado que nos observa desde vete a saber cuándo? ¿Un ser que no forma parte de nuestro plano?  ¿Un demonio? Hay un largo etcétera de preguntas que nos pueden asaltar en esta cuestión y más cuando lo estamos viviendo. Esos segundos que pasamos viendo esa figura se hacen largos y muchos pensamientos nos abordan, pero luego nos damos cuenta que en cuestión de segundos (a muy tardar algún minuto) esta figura desaparece o se desvanece delante de nuestros ojos. Eso no suele ser un consuelo… Ya que viendo como una figura humanoide desaparece sin dejar ni un solo rastro en cuestión de escasos segundos nos hace reflexionar sobre la naturaleza extraña de esa figura y de todas las preguntas realizadas con anterioridad solo algunas se quedan presentes: ¿Un espíritu? ¿Un demonio? ¿Un ser del bajo astral?

Interpretación clásica de un Visitante de Dormitorio

A que le tenemos más miedo: ¿A un vivo o a un muerto? Dependerá de la persona. Supongamos que tememos más lo que no comprendemos y, por tanto, deducimos que tememos más a un muerto que a un vivo (en este caso hipotético). La situación se complica ya que, si es un muerto, este puede aparecer cuando menos lo esperamos y aterrarnos durante mucho tiempo…

Pero, ¿Y si no fuera un muerto?

Un fallo en el sistema

Si no es un muerto, ¿Qué puede ser? Para responder a esa pregunta tenemos que conocer un poco nuestro propio yo, no a nivel de filosofía, pero si a nivel de psicología. Vamos a ello.

A grandes rasgos, nuestra mente (hablando como mente la masa cerebral funcional) trabaja con frecuencias, éstas se llaman frecuencias cerebrales. Estas se dividen en varios grupos dependiendo el estado en el que nos encontremos. Por ejemplo, cuando estamos trabajando estamos en un ritmo cerebral en el que se prestan más las frecuencias que activan el ritmo de estrés. Mientras que cuando estamos mirando la tele por la noche estamos en un estado más relajado y, por tanto, el cerebro se permite trabajar en un ritmo más sosegado.

Cuando vamos a dormir, el cerebro pasa a estados más profundos de relajación, llegando a estados alterados de conciencia, donde la mente trabaja de otra forma dejando trabajar el subconsciente. En ese periodo de tiempo en el que el cerebro pasa de consciente a subconsciente se pueden dar pequeños fallos producidos durante ese proceso. A estos eventos se les llama alucinaciones hipnagógicas (cuando se pasa de vigila a sueño) o hipnopómpicas (cuando se pasa del sueño a la vigila). El fenómeno fue acuñado por Frederic Myers, un investigador a medidos de 1.800. Durante estos procesos, la persona puede oír sonidos que no están allí, tener alucinaciones visuales, notar presencias inexistentes o incluso notar que lo tocan. Estas alucinaciones suelen ser muy vívidas. Como curiosidad, las personas ciegas y/o sordas también pueden tener ese tipo de alucinación, ya que, como es una alucinación su génesis no está fuera del sujeto sino en su propia mente, dándose casos donde los ciegos “ven” una figura o los sordos “oyen” una voz.

El fenómeno hipnagógico o hipnopómpico está relacionado con la parálisis de sueño, siendo también una de las disfunciones o pequeños errores que comete la mente en nuestro cuerpo. Se conoce que por lo menos una vez en la vida se sufre de proceso hipnagógico o hipnopómpico, aunque en el caso hipnopómpico (de sueño a vigilia) el sujeto no suele recordar la experiencia; pasando exactamente al revés en el proceso hipnagógico (de vigilia a sueño). En el caso de recordar o, mejor dicho, vivir en ese instante una alucinación hipnopómpica, el sujeto puede entrar en estado de terror acompañado de una parálisis de sueño, siempre y cuando la alucinación obtenida se preste a ser recordada como una alucinación no benévola.

Uno de los datos más interesantes es que aproximadamente un 6,6% de la población general (refiriéndonos a población general a gente que no sufre de trastornos de sueño como puede ser la narcolepsia) puede tener alucinaciones hipnopómpicas o hipnagógicas durante un periodo de tiempo prolongado. Dichas alucinaciones pueden ir desde formas básicas como formas geométricas hasta formas complejas como personas. También se pueden dar alucinaciones como sentirse flotar e incluso sensaciones agradables. Por supuesto, cada persona tendrá su propia experiencia en ese estado alucinógeno ya que la propia alucinación puede ser resultado tanto de la anatomía del cerebro, su neuroquímica y el material (experiencias) acumulado en el subconsciente.

¿Que causa la alucinación?

Las causas de las alucinaciones (en este caso nos centraremos en las hipnopómpicas) están generalmente sujetas a variaciones individuales significativas. En otras palabras, una persona puede experimentarlas como resultado de un trastorno del sueño, mientras que otra las puede experimentar como resultado de la ingestión de una droga psicoactiva antes de quedarse dormido (son dos ejemplos de muchos posibles). Además, la alucinación (como he comentado antes) puede estar relacionada con el material subconsciente y con su estado psicológico en ese momento.

A grandes rasgos, estas son las posibles causas que podrían generar dichas alucinaciones:

La activación del cerebro: Hay pruebas de que la activación cerebral regional o desactivación de regiones particulares pueden ser responsables de la generación de alucinaciones hipnopómpicas. También se supuso que la activación de ciertas regiones, como resultado de la actividad REM, la actividad convulsiva similar, o una irritación de la corteza cerebral podrían producir estas alucinaciones.

La investigación ha demostrado que la estimulación cerebral directa de ciertas regiones puede dar lugar a alucinaciones (por ejemplo, usando sistemas de electro estimulación transcraneal de corriente directa), incluso a aquellos que nunca han tenido una experiencia alucinatoria anterior. Curiosamente si se estimulan los centros visuales se pueden crear experiencias alucinatorias visuales simples o complejas; por otro lado, si se estimulan los centros auditivos una persona puede oír voces u otros sonidos.

La estructura cerebral: las personas con anomalías estructurales de cerebro pueden ser más propensas a las alucinaciones, en particular las que son visuales. La estructura puede tener una anomalía desde el nacimiento, o puede tratarse de una anomalía como resultado de alguna lesión cerebral grave. En muchos casos se ha encontrado que las lesiones a determinados lóbulos del cerebro pueden causar trastornos del sueño y alucinaciones relacionadas con el sueño.

Ondas cerebrales: se cree que las ondas cerebrales se alteran durante alucinaciones hipnapómpicas. El patrón de ondas cerebrales puede incluir una combinación de ondas theta y/o ondas alfa, junto con ráfagas intermitentes de ondas beta.

Meditación: La gente que tienen mucha experiencia en la práctica de la meditación pueden informar de las experiencias sensoriales sobre transiciones de sueño-vigila. Esto es debido al hecho de que la meditación cambia el cerebro con el tiempo, generando una mejoría en su funcionamiento. La mayoría de los tipos de meditación existentes permiten que los individuos sigan siendo conscientes durante la aparición de las ondas cerebrales lentas (alfa y theta).

Alguien que ha estado meditando durante un largo periodo de tiempo puede permanecer semi o totalmente consciente durante la fase transitoria de vigilia a sueño y estar al tanto de cualquier alucinación que pueda ocurrir al empezar a entrar en estado REM. Cabe señalar que los diferentes tipos de meditación pueden afectar al cerebro de forma única, es decir, pueden inducir a una mejora de las alucinaciones hipnopómpicas.

Neurotransmisión: Es importante tener en cuenta el papel de la neurotransmisión en la aparición de dichas alucinaciones. Cuando aumentamos artificialmente (como resultado de la toma de medicamentos, por ejemplo) varios neurotransmisores, estos son capaces de afectar el sueño y/o causar alucinaciones. Por ejemplo, se sabe que el aumento de los niveles de serotonina puede afectar el sueño. Además, el aumento de los niveles de dopamina podría dar lugar a alucinaciones.

Las densidades de los receptores para los neurotransmisores también pueden desempeñar un papel importante para poder generar alucinaciones. Si ciertos neurotransmisores no se procesan adecuadamente por los receptores (por ejemplo, los polimorfismos de los receptores de la dopamina) pueden conducir a la manifestación de alucinaciones, algunas de ellas podrían ocurrir durante un estado hipnopómpico.

Productos farmacéuticos: Hay evidencias sustanciales para apoyar la idea de que ciertos fármacos, en particular aquellos que influyen en la neurotransmisión, podrían causar alucinaciones. Un informe publicado en el año 2.000 documenta casos de individuos que experimentan alucinaciones hipnopómpicas tras la administración de Donepezil, un fármaco utilizado para tratar los síntomas del Alzheimer. El fármaco actúa como un inhibidor de la acetilcolinesterasa, lo que aumenta las concentraciones de acetilcolina en el esfuerzo para mejorar la función cognitiva. Por desgracia este mecanismo altera la REM y aumenta la probabilidad de alucinaciones. Informes más antiguos (de la década de los 80) informaron de sujetos con alucinaciones hipnopómpicas entre los que tomaban antidepresivos tricíclicos.

Algunos productos pueden inducirnos estados alterados de la mente.

La amitriptilina se pensó para alterar los patrones de sueño y la mayoría de los pacientes que toman esta medicación son capaces de darse cuenta de que la alucinación es no es psicótica.

Psicodinámica: Se especula que durante un proceso hipnopómpico el material inconsciente o subconsciente puede ser revelado a lo consciente, lo que puede contribuir a tener alucinaciones. Hay quien especula que las alucinaciones son el resultado de material consciente repetitivo. Por ultimo existe la teoría que relaciona la psicodinámica con una combinación de consciente y subconsciente y eso provoca las alucinaciones.

Actividad REM: Es posible que durante la activad REM haya picos de actividad en ciertas regiones del cerebro y estas provoquen dichas alucinaciones. En el estado hipnopómpico se cree que la gente puede estar experimentando alguna actividad de movimiento ocular rápido mientras que a la vez estar semi-consciente. Durante el estado REM, las personas pueden reportar imágenes muy vividas, que podrían inducirse como resultado directo del movimiento rápido de ojo. Las imágenes de la REM pueden quedarse temporalmente, lo que resulta ser el tipo más común de alucinación hipnopómpica.

Condiciones asociadas a las alucinaciones hipnopómpicas

Hay muchas condiciones asociadas con alucinaciones hipnopómpicas. En algunos casos, las condiciones pueden ser una causa que contribuye directamente a dichas alucinaciones, mientras que, en otros casos, estas condiciones pueden contribuir indirectamente a las experiencias alucinatorias.

Trastornos de ansiedad: Los sujetos que sufren de alucinaciones aterradoras se cree que pueden tener trastornos de ansiedad. Estudios parecen indicar que los individuos con ansiedad pueden tener un mayor riesgo de experimentar “parálisis del sueño”, que se caracteriza por la incapacidad de moverse durante un estado semiconsciente REM. Dado que la parálisis del sueño se asocia comúnmente con alucinaciones hipnopómpicas, y los trastornos de ansiedad están asociados con la parálisis del sueño, tiene sentido que la ansiedad pueda aumentar la probabilidad de tener alucinaciones hipnopómpicas.

Los mecanismos exactos por los que la ansiedad desencadena estas alucinaciones pueden ser desconocidas; pero se estima que podría ser un resultado de las concentraciones de neuroquímicos, mala calidad del sueño y como consecuencia de la ansiedad o la sobre activación de los centros de miedo (por ejemplo, la amígdala).

Trastorno bipolar: Las personas con trastorno bipolar pueden ser propensas a las alucinaciones durante el estado hipnopómpico. El trastorno bipolar se caracteriza por estados de ánimo elevados (pudiendo ser positivos o negativos), pero también por la disminución del sueño y el aumento de las concentraciones de varios neurotransmisores como la dopamina. Cabe pensar que las personas con trastorno bipolar pueden experimentar dichas alucinaciones durante estados hipnopómpicos como resultado de una activación cerebral alterada.

Estrés: Las personas con niveles anormalmente altos de estrés a menudo informan de problemas de sueño. El estrés crónico puede conducir al insomnio, que puede conducir a una reducción de la cantidad y calidad del sueño. Con el tiempo, todo el ritmo circadiano (también llamado ritmo biológico) se ve alterado y los problemas con el ciclo del sueño se ven exacerbados.

Ritmo Circadiano.

Si, por ejemplo, entramos en un estado de crisis nerviosa (que se puede definir como un estado constante de lucha o huida) nuestro sistema nervioso simpático se habrá alterado y con él su neuroquímica. Es decir, nuestros neurotransmisores, receptores, activaciones regionales y ondas cerebrales habrán sufrido cambios debido al estrés. Todo eso puede aumentar la probabilidad de sufrir alucinaciones hipnopómpicas.

Trauma: Las personas que han sufrido experiencias traumáticas son más propensas a experimentar problemas relacionados con el sueño. Una persona con un historial de trauma puede ser incapaz (o muy difícil) de disminuir el modo de alerta de su sistema nervioso simpático para conciliar el sueño.

Además, el cerebro puede estar tan preocupado por la trama que las regiones que son responsables del mantenimiento del estado de vigilancia trabajen anormalmente, creando un estado de “sobre alerta” mientras la persona está dormida. Esto no solo conduce a una mala calidad del sueño sino a una actividad electroencefalográfica anormal durante el sueño, lo que puede dar lugar a alucinaciones.

Horario de sueño variable: Alguien con un horario de sueño que es inconsistente y muy variable puede ser más propenso a sufrir alucinaciones. Alterando constantemente cuando se va a dormir, así como cuando se despierta está alterando su ritmo circadiano (ritmo biológico) natural. Al no ser su ritmo normal o natural puede conducir a la activación cerebral alterada y a la alteración de neuroquímicos.

Estres o no dormir adecuadamente influye a tener este tipo de alucinación

Tipos de alucinaciones hipnopómpicas

Existen varios tipos de alucinaciones hipnopómpicas que pueden ser experimentadas. Existen desde las visuales (las más comunes) y auditivas; pero hay más.

Imágenes visuales: Aunque anteriormente hemos dicho que existen diversos factores que convierten cada alucinación hipnopómpica diferente (siempre analizándolo desde diversos sujetos) es cierto que existen patrones comunes. Una explicación es que pueda existir una irritación dentro de la corteza visual primaria, eso explicaría por qué se pueden llegar a ver figuras geométricas o figuras simples. Por otro lado, si esta irritación de la corteza visual primaria también acaba afectando a otras áreas visuales se podrían producir alucinaciones más complejas, por ejemplo, figuras humanoides. Las lecturas de EEG (Electroencefalografía) pueden confirmar ciertos aspectos de esta hipótesis, así como estudios experimentales con estimulación cerebral de estas regiones. Algunos ejemplos de alucinaciones hipnopómpicas visuales son:

  • Figuras complejas
  • Formas geométricas
  • Figuras simples
  • Líneas
  • Formas morfológicas (humanoides)
  • Gente
  • Oscuridad

Auditivo: El segundo tipo más común de alucinación hipnopómpica es el de sonidos o voces que se perciben. Estos sonidos pueden ser sutiles y se mantienen durante varios minutos, o pueden ser ruidosos y durar pocos segundos. Dichas alucinaciones pueden ser percibidas como alarmantes o en otros casos como algo agradable. Estos sonidos pueden ser generados por la activación cerebral anómala de la corteza auditiva. Cuanto mayor es la activación, posiblemente más complejos sean los sonidos. Algunos ejemplos de sonidos:

  • Sonidos de animales
  • Golpes
  • Zumbidos
  • Música
  • Voces o gente hablando
  • Sonido de televisión
  • Silbidos
  • Viento

También se puede dar el caso de escuchar algo relacionado con lo que se estaba pensando en ese momento justo.

Táctil: Las alucinaciones táctiles son menos comunes que las auditivas o visuales. Aun así, estas alucinaciones son relativamente comunes en los casos de parálisis de sueño. Los que se encuentran bajo una alucinación inducida por una parálisis de sueño pueden sentir como se estuvieran presos bajo una presión o incluso pueden sentir dolor muscular. Las causas de ese dolor muscular pueden ser el resultado de la resistencia a esa inmovilización o el pánico. Algunos ejemplos de alucinación táctil:

  • Presión corporal
  • Presión en el pecho
  • Dolor
  • Alfileres o agujas
  • Cosquillas

Vestibular-motora (movimiento): Otro tipo de experiencias alucinatorias sufridas son motoras o de movimiento. Dado que el estado hipnopómpico se asocia generalmente con las experiencias menos agradables que los estados hipnagógicos, estas sensaciones percibidas de movimiento pueden ser desagradables (por lo general). Algunos ejemplos:

  • Sentir que se está flotando
  • Volar y caer al vacío
  • Ser sacudido
  • Balanceos
  • Sacudidas

En otros casos las alucinaciones hipnopómpicas de movimiento pueden ser más agradables o neutrales. Casos como tener la sensación de estar volando de forma agradable o que se está viajando a gran velocidad pero de forma también agradable serian ejemplos agradables o neutrales.

Otros tipos (menos comunes): Además de las alucinaciones visuales, auditivas y de tacto hay otros subtipos de alucinaciones que pueden ser experimentadas. Estas incluyen olfativas y gustativas. Estas suelen ir en conjunción con las más comunes: visuales o auditivas.

  • Olfativas: Ciertas personas pueden informar de que las cosas que huelen no estaban realmente presentes en su estado hipnopómpico. Estos olores pueden ir desde olores frescos y agradables a olores más desagradables como sangre, carne podrida u olores nocivos como gases.
  • Gustativa: Algunas personas afirman haber “probado” los elementos, en lo que a sabor nos referimos. Eso se explica por el simple hecho de haber estado pensando en un alimento en concreto o algo que no nos resulta agradable.

Como reaccionar ante alucinaciones hipnopómpicas

Hay que recordar que una alucinación hipnopómpica no deja de ser una alucinación creada por nuestra mente y, por tanto, no nos puede hacer más daño que el que nosotros le permitamos psicológicamente hablando, sobre todo siendo una alucinación de carácter perturbador.

Aceptación: La forma más sencilla de reaccionar ante una alucinación hipnopómpica es mediante la aceptación de ella. Es decir, cuando se produce (y ésta es perturbadora) no hay que tener miedo e intentar ser consciente que lo está generando la mente gracias a un estado alterado de consciencia o por una actividad anómala del cerebro. En vez de darle vueltas a ese fenómeno, lo mejor es aceptarlo como una experiencia sensorial normal a consecuencia del sueño. Al aceptarlas dejamos de activar el sistema de respuesta de “lucha o huida” del sistema nervioso simpático; por tanto, deja de afectarnos en el sueño; aparte podemos reducir la intensidad de la alucinación.

Superación: Es bueno (como se ha dicho antes) recordar que una alucinación solo sucede en nuestro cerebro y por tanto no son reales. Son percepciones falsas y por tanto no pueden hacernos ningún tipo de daño. Es importante recordar eso si vamos a entrar en pánico. Una vez hemos podido aceptar la alucinación es cuando podemos sobreponernos a ella.

Registro de sueños: Si tenemos una frecuencia de este tipo de alucinaciones es recomendable hacer un seguimiento de los hábitos de sueño y los factores que pueden haber contribuido a tener problemas de sueño. Si encontramos, en esos registros, un patrón podemos empezar a eliminar factores que nos permitan determinar cuál es el que nos produce esa alucinación y cambiarlo.

Terapia: En algunos casos es posible buscar la ayuda de un terapeuta, mayormente uno especializado en el sueño para poder corregir hábitos. Obviamente, un terapeuta podrá sugerir algunas maneras para hacer frente a este tipo de alucinación.

Recordemos que lo que se conoce como Visitante de dormitorio o de alcoba no es más que un fenómeno de nuestra propia mente. Puede ser una anomalía momentánea del cerebro o puede deberse a malos hábitos o problemas de sueño, estrés, cansancio o ingesta de medicamentos.

Este tipo de alucinaciones suelen durar entre fracciones de segundo a un par de minutos, pero son siempre alucinaciones: formas, sonidos, etc. Creados por nuestra propia mente y, por ese motivo nosotros tenemos la capacidad de imponernos a ellas, porque físicamente no existen y no nos pueden hacer ningún daño salvo que psicológicamente les dejemos.

Información extraida de http://mentalhealthdaily.com/